La Foro Económico Mundial vuelve a marcar la agenda económica internacional. En su 56.ª Reunión Anual, celebrada en Davos entre el 19 y el 23 de enero, casi 3.000 líderes mundiales coinciden en una idea central: sin capital privado, la lucha contra el cambio climático no será viable.
El encuentro, bajo el lema “Un Espíritu de Diálogo”, llega apenas dos meses después de la COP30 en Belém, Brasil, donde los países firmaron un compromiso histórico: movilizar al menos 1,3 billones de dólares anuales hasta 2035 para acción climática.
El problema es que, hoy, el dinero privado no está llegando donde más se necesita.
El gran problema: la brecha de financiamiento climático
Aunque el discurso climático es global, la inversión no lo es. Según datos presentados en Davos:
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En 2023, el financiamiento climático privado hacia mercados emergentes y economías en desarrollo fue de apenas 36.000 millones de dólares.
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Para estar en línea con los objetivos climáticos, esa cifra debería multiplicarse por 28 antes de 2030.
Mike Hayes, responsable global de Clima y Energías Renovables en KPMG International, lo resumió con claridad:
el capital existe, pero no está desbloqueado.
Un informe conjunto de KPMG y el Foro Económico Mundial señala que estas economías necesitarán 2,4 billones de dólares anuales para 2030, de los cuales 1 billón debería provenir de fuentes externas, principalmente privadas.

El dinero está, pero no fluye
Aquí aparece una de las grandes contradicciones del sistema financiero global:
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Los 100 mayores gestores de activos del mundo administran más de 26,3 billones de dólares.
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Sin embargo, ese capital no llega a los países donde el impacto climático es mayor.
Esto es especialmente grave si se tiene en cuenta que:
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los mercados emergentes concentran más de dos tercios de la población mundial,
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y representan el 80 % del crecimiento futuro de la demanda energética.
En otras palabras: el futuro del clima global se juega en países que hoy no tienen acceso suficiente a capital barato.
Por qué el financiamiento climático ya no es solo un tema ambiental
Desde Davos, el mensaje fue contundente:
el financiamiento climático es ahora un problema financiero sistémico.
Laia Barbara, directora de Estrategia Climática del Foro Económico Mundial, explicó que la falta de inversión afecta directamente a:
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la calificación crediticia de los países,
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el comportamiento de los inversores,
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el crecimiento económico a largo plazo,
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y la estabilidad de los mercados.
No invertir en clima no es neutral: tiene consecuencias económicas reales.
Las principales barreras que frenan la inversión privada
Un informe publicado por el Foro Económico Mundial en noviembre de 2025 identifica seis grandes obstáculos que impiden que el capital privado fluya hacia proyectos climáticos en economías en desarrollo:
- Falta de proyectos bien estructurados y financiables
- Marcos regulatorios poco claros o inestables
- Escasa transparencia y datos poco fiables
- Débil movilización de capital local
- Riesgos elevados sin mecanismos claros de reparto
- Insuficiente colaboración entre sector público y privado
Mientras estos problemas no se resuelvan, el capital seguirá siendo cauteloso.
La hoja de ruta: de Bakú a Belém
Para cerrar esta brecha, las presidencias de la COP29 y la COP30 presentaron la llamada Hoja de Ruta de Bakú a Belém, que define cinco prioridades clave:
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reforzar el financiamiento concesional,
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mejorar el espacio fiscal de los países en desarrollo,
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reducir el coste del capital,
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atraer inversión privada con menor riesgo,
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y reequilibrar el sistema financiero internacional.
El objetivo es claro: hacer que invertir en clima sea rentable, previsible y escalable.
Qué significa esto para empresas, inversores y emprendedores
El debate de Davos deja varias conclusiones prácticas:
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La transición climática será uno de los mayores motores de inversión de las próximas décadas.
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Habrá oportunidades enormes en energías renovables, infraestructura, movilidad, eficiencia energética y tecnología verde.
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El capital privado tendrá un rol protagonista, pero necesitará reglas claras y alianzas público-privadas sólidas.
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Los países y empresas que se adapten antes atraerán más inversión.
La cumbre de Davos confirma un cambio de enfoque:
el financiamiento climático ya no es solo una cuestión de voluntad política, sino un reto financiero global.
El dinero existe, la urgencia también.
Lo que falta es crear las condiciones para que el capital privado fluya hacia donde más impacto puede generar.
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